Hoy día la implicación de las familias está considerado como uno de los factores que influyen en el éxito escolar de los niños y niñas y uno de los indicadores de calidad del sistema educativo y de la gestión del tiempo en casa.

Son probablemente el mayor movimiento asociativo de voluntariado adulto del Estado.

Aunque las necesidades educativas varíen, los motivos para participar en el movimiento se concentran y masifican cada vez más.

Las asociaciones de madres y padres de alumnos cumplen una labor fundamental a la hora de representar, informar y encaminar la participación de las familias en los centros educativos para trabajar conjuntamente con el profesorado en las distintas actividades que se lleven a cabo y en la propia gestión del tiempo en casa.

La implicación a veces puede ser directa, si se forma parte de la directiva del AMPA, o indirecta, cuando se desempeña el papel de representante de clase, es decir, un padre o madre elegido por el resto de padres de cada clase para funcionar como unión entre ellos, el profesor y el centro.

Cuando se exponen los beneficios que supone la implicación de los padres, viene sola.

Pero las AMPAs tienen otra faceta principal y es su competencia con el Consejo Escolar, el máximo órgano de los centros (que además de los representantes de padres y madres), la ley admite la presencia de un miembro del AMPA.

Sin embargo la labor de los padres metidos en el AMPA no acaba con la jornada escolar, luego,  en casa, tienen un trabajo de gestión del tiempo de estudio, de sistema de gestión de aprendizaje que, implica tiempo, paciencia y constancia.

Es por esto, por lo que hay que reconocer el esfuerzo y dedicación de tiempo de esas decenas de miles de voluntarios para algo que es fundamental para todas las familias: la educación de nuestros hijo.

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