1. Empieza a estudiar ya

Quizá uno de los golpes más duros en la vida de un estudiante es darse cuenta de que el momento ideal para empezar a estudiar no existe. Lo primero es empezar… y la inspiración llegará después. El único momento bueno para comenzar el estudio es en el que de verdad te sientas a estudiar. Lo importante es llegar a ese momento en las mejores condiciones posibles. Debes cuidar el sitio donde vas a trabajar y también tu propio estado físico a la hora de comenzar con las tareas. Esto es más importante de lo que parece.

2. Divide en tareas manejables

No intentes ocuparte de todo a la vez, o terminarás frustrado. Márcate unos objetivos que puedas alcanzar día a día, eso te animará a seguir avanzando y te permitirá tener tiempos de descanso merecidos. Para poder combinar el estudio con el resto de actividades de tu día a día, comienza con toda la antelación que necesites. Así, el estudio será una más de las actividades de tu día y no supondrá un aislamiento total del resto del mundo.

3. Planifica el tiempo de estudio

Todos estamos de acuerdo en que estudiar no es una tarea placentera. Por ello, debemos dedicarle únicamente el tiempo necesario. El objetivo de cualquier estudiante es aprender lo máximo posible en el menor tiempo posible y, para eso, hay que organizarse. Tienes que saber lo que debes hacer antes de ponerte a hacerlo. Es imprescindible que anotes en algún sitio los plazos de entrega y las tareas más urgentes.

No solo debes programar el tiempo de estudio, sino también los descansos. Es conveniente que los más largos los realices después de las comidas, cuando el cuerpo rinde menos. Para todo esto, un planificador como Studeam puede ser de gran ayuda (sólo hay dos en el mundo, pero este está en español).

4. Identifica tu biorritmo

Suena más complejo de lo que es, tranquilo. Se trata de que identifiques las horas del día en las que estudias mejor. Algunos estudiantes rinden mejor por la mañana, otros por la tarde y otros por la noche. Cuando lleves un tiempo estudiando, tu cuerpo te dirá cuál es el momento del día más apropiado para ti.

5. Crea un vínculo emocional con la materia

Trata de encontrar algo que despierte tu interés en cada materia. Aunque no sea tu asignatura preferida, seguro que algo puede resultarte interesante. Así, te será más fácil seguir sin desanimarte y aumentarás tu productividad. Puede ayudarte el uso de resúmenes, esquemas conceptuales, etc. en los que relacionar aquello que te interese más con el resto de los contenidos.

6. Refuerzo emocional positivo

No te martirices si algún día no sale todo como estaba previsto. Lo importante es que seas responsable y sigas los horarios que tú mismo te has marcado. Cuando consigas tus objetivos del día, puedes recompensarte con alguna actividad gratificante (ojo, siempre después del trabajo). Se trata de conseguir que el tiempo de estudio no sea una tortura.

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