En la lucha diaria por sacar adelante las tareas del colegio, o lo que los más pequeños llaman “los deberes”, hay un momento importante: el comienzo. Incluso para aquellos alumnos a los que no les disgusta estudiar, empezar suele despertar rechazo. Además, es el momento en el que hay que decidir qué hacer y, a pesar de que debería ser el momento estrella de la planificación, no es nada sencillo por dos razones:

-Requiere unos minutos de reflexión para recopilar las tareas pendientes, valorarlas, ordenarlas, calcular el tiempo que se va a dedicar a cada una de ellas…

-No se cree del todo en su eficacia porque muchas veces no la cumplimos. Entonces, ¿por qué no ahorrarnos esos preciosos minutos?

A estas dos dificultades habría que añadir que, cuanto más joven es el estudiante, menor es su paciencia. Por ello, planificar se le antoja algo muy prescindible y prefiere ir haciendo las cosas que se le van ocurriendo según su impulso y su selectiva memoria. Lo inmediato suele parecerle más atractivo y, probablemente, las tareas largas se dejen para el final.

Como profesor, puedo afirmar que la inmensa mayoría de mis alumnos pensaba: “lo que puedas hacer mañana, no lo hagas hoy” que, como lema, refleja un espíritu contrario a la planificación.

Sin embargo, planificar es uno de los momentos clave en la gestión del tiempo, y un ingrediente importante del hábito de estudio. Este paso afectará notablemente a la calidad del estudio que se realiza y al rendimiento del estudiante, que lo notará en sus resultados académicos y, por encima de todo, en su autoestima y bienestar psicológico. Planificar aporta madurez, autocontrol y dominio del tiempo y de la propia vida. Por eso, resulta imprescindible educar en gestión del tiempo y acostumbrar al estudiante a que planifique la actividad que pretende realizar. La planificación es una tarea que estará presente a lo largo de toda la vida, y debería ser algo cultivado desde la primera educación.

Es curioso que, en plena era digital, no encontráramos herramientas digitales específicas para afrontar esta importante necesidad. Recientemente, han aparecido tres planificadores personales pensados para las tareas académicas. Dos de ellos son españoles: Gokoan, principalmente para opositores, y Studeam, el app planificador del estudio y los deberes de propósito general. ¿Pueden ayudar a los alumnos a planificar?

Dejando a un lado Gokoan por su gran especificidad y su sistema de inteligencia artificial, mostraremos lo que la startup Task & Time, creadora de la app Studeam, puede aportar al reto educativo de la gestión autónoma del tiempo. Esta app ha sido creada para ofrecer una planificación automática, objetiva, pedagógica y segura con un sólo click. Por supuesto, no sustituye al alumno en los aspectos fundamentales: decidir el horario de trabajo en el que se van a realizar las tareas, los objetivos que se quieren cumplir y el tiempo estimado que se empleará en realizar cada tarea. Studeam pregunta al estudiante estos datos como requisito, introduciéndole en un proceso de aprendizaje de gestión el tiempo. Después, la app calcula una respuesta objetiva e inmune al autoengaño. Hace la parte tediosa y repetitiva de la planificación, la que más tiempo lleva y la que nuestra impaciencia desearía saltarse.

¿Quién hace hoy en día una raíz cuadrada a mano? Aprendemos el proceso en la infancia y luego dejamos a las máquinas ejecutarlo. Con la planificación pasa algo parecido: una vez que se comprende qué reglas deben seguirse para planificar el estudio, una máquina puede ofrecernos la respuesta de manera automática. Por ello, Studeam ofrece una primera planificación de partida, válida para empezar y con unos criterios de máximo aprovechamiento del tiempo, estipulación de los descansos, períodos de repaso, distribución de tareas largas…

Si se trata de educar a los jóvenes en gestión del tiempo, creemos que con la app Studeam tendrán una herramienta que les facilitará el hacer lo que toca cuando toca. Poner a disposición del estudiante un plan completo y concreto de trabajo puede ser determinante. Además, si ese plan es compartido con un tutor, padre o pedagogo -en los casos en que se estime conveniente-, será una herramienta potente de evaluación y aprendizaje.

 

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