Dicen que el mercado Edtech, a pesar de las crisis recientes y presente, es un mercado en fuerte expansión. Dicen que experimenta un crecimiento anual cercano al 17%. Y lo que es más sorprendente aún: tiene un carácter singularmente global, no limitado a los países ricos, y mucho menos a los occidentales.Este artículo quiere presentar nuestra visión concreta y muy particular, construida a golpe de anécdotas, centrándome en Oriente Medio como referencia ilustrativa.

En Oriente Medio se dan dos condiciones especiales, a veces coincidentes en los mismos países: unos recursos estatales sobreabundantes y unas políticas públicas que apuestan increíblemente por la educación. Cuando nuestro equipo de Task & Time expuso en el Bett de Londres hace dos años, llamaban la atención los pabellones nacionales, pero muy en especial no ya el de Israel o el de Emiratos Árabes, sino el de Egipto!

Ciertamente medir el tamaño de un mercado por el de un stand no es del todo fiable, pero la apuesta de prioridad por la educación que está desarrollando Egipto y el signo de procurar un acceso universal a recursos digitales de calidad junto a dispositivos tipo tablet para todos los alumnos, manifiesta claramente una política de inversión en Edtech de calado. Un país como Bahréin invierte del orden del 20% de sus recursos en educación, de manera similar a Emiratos Árabes.

Edtech y Task&Time: Tecnología educativa

Cuando un asesor de la comitiva de Emiratos visitó nuestro stand, le bastó descubrir que nuestra aplicación era única y resolvía algo potente para solicitar su adquisición, con la única condición de que estuviera integrada con “el mejor LMS del momento” (Century, según nos dijo).

Evidentemente, una empresa del éxito internacional de Century, con contratos gubernamentales millonarios de varios países como Emiratos, no iba a atender (por el momento) semejante petición. Pero sirvió para confirmar lo que ya habíamos oído: que la zona de Oriente Medio no escatima en recursos tecnológicos para educación.

Un comercial británico del sector, residente en Riad (Arabia Saudí), nos explicó la oportunidad que supone estos países. En ellos se afincan numerosos colegios y universidades internacionales privados. Los más exclusivos, los más selectos, con clientes de gran poder adquisitivo y con múltiples exigencias.

Esas instituciones coexisten con sistemas públicos donde no falta la tecnología educativa y deben distinguirse por todos los medios, materiales y metodológicos. De que esto es una realidad hablan perfectamente los cuantiosos honorarios fijos del comercial, más del doble de los que podría percibir un equivalente en España (aunque la equivalencia no sea fácil de establecer, francamente).

El interés por la educación en estos países es estratégico sin duda. Pobres de recursos que no sean el petróleo y el gas, deben apostar por su gente y mirar al desarrollo del conocimiento. Es cierto que es mucho más fácil, cuando se tiene dinero, invertir en tecnología para la educación, que mejorar verdaderamente los sistemas educativos, además de constituir todo un negocio lucrativo en sí mismo.

Pero una cosa es segura: la tecnología educativa actual permite cada vez una mejor evaluación de la educación a todos los niveles, y mejorar la evaluación, medir e interpretar adecuadamente la información disponible, es una potente herramienta para transformar los sistemas educativos. Los resultados de sus universidades probablemente no podrán ser destacados en las sociedades montadas sobre el maná petrolífero, donde la cultura del esfuerzo no tiene arraigo. Pero por la parte de la tecnología, no dudarán en aplicar las últimas herramientas de Inteligencia Artificial para potenciar el aprendizaje.

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