Este post está dedicado a todos aquellos que pasáis muchas horas procurando que niños y jóvenes se pongan a estudiar y saquen adelante las tareas académicas. Tal vez seas el padre o la madre de un alumno al que no se le dan bien los estudios, o tal vez su tutor personal o el director de una academia de refuerzo. Yo mismo pasé unas cuantas horas intentándolo, hasta el punto de plantearme construir una aplicación web que lo facilitara. Hoy en día, es ya una realidad: se llama Studeam y se presenta como el planificador (app) del estudio y los deberes de propósito general. Conviene reconocer la experiencia humana que está detrás de esta herramienta, para no quedarse solo con la fachada tecnológica.

Hace 9 años, fundé una empresa llamada Apoyo al Estudio para atender a los estudiantes que no realizaban sus tareas adecuadamente o que necesitaban un espacio donde crecer en hábito de estudio. Los estudiantes que acudían no hacían todo lo que debían hacer -y lo que sí hacían tampoco lo hacían especialmente bien-, lo cual explicaba sus cuantiosos suspensos. Pero yo tuve el privilegio de imponerles unos pequeños requisitos y observarlos durante sus tardes de estudio. Así fue como me di cuenta de la gran desinformación (cuando no mentira) que rodeaba a estos chicos, a sus padres y a sus profesores. La mayoría de aquellos alumnos ni siquiera era consciente de las tareas que debía realizar porque prefería hacer cualquier otra cosa antes. Otras veces sí que apuntaban las tareas que tenían que hacer, pero no las hacían todas porque elegían dedicar todo el tiempo disponible a la que menos les disgustaba. Su gestión del tiempo se resumía en hacer lo que fuera para no pasar un mal rato. La espesa mezcla de pereza, baja autoestima, autoengaño y desconexión respecto al ritmo de lo impartido en clase, hacía de aquello un verdadero reto.  A esta falta de sinceridad habitual consigo mismos y con los demás, se añadía la costumbre generalizada de no estudiar nada hasta los exámenes. Por desgracia, estudiar al día ya no tiene sentido para la mayoría del alumnado.

Yo sabía que cada una de aquellas personitas cuyas familias ponían en mis manos tenía detrás una historia y una verdad que lo explicaban todo. ¿Cómo ayudarles? Mi objetivo era iniciarles en el estudio, procurar que arrancaran de una vez sus “máquinas” y se pusieran en marcha. De esta manera, esperaba conocer su auténtica realidad. Para ello, había que empezar por algo concreto y esforzarse en hacerlo bien. Luego, intentábamos extender esa pequeña victoria a otras tareas hasta completar la tarde de estudio. Si para esos alumnos era importantísimo saber qué había que hacer, para mí era todavía más necesario, porque debía supervisarlo y asegurarme de que la propuesta de trabajo era la correcta (y no la que ellos pretendían tantas veces). Esto me obligaba a planificar con ellos e, incluso, a planificarles por entero. A partir de ahí, sabía qué intentaban y qué no, en qué se atascaban y qué hacían rápido, dónde había rechazo, lagunas, dificultades específicas… Cada tarde había algo de lo que rendir cuentas y eso mantenía la tensión hacia el objetivo. 

Conocía el beneficio que conlleva planificar estimando tiempos concretos para cada tarea. Una alumna muy responsable me confesó, en cierta ocasión, que nunca había trabajado tanto ni conseguido tan buenos resultados como cuando había aplicado estas pautas de planificación. Realizar el proceso de manera manual resultaba muy pesado para cualquiera (y más para estudiantes no tan maduros). Por eso, era necesario digitalizar la planificación para hacerla sostenible y eficaz. De aquella experiencia nacieron, consecutivamente,  StudyTask y Studeam.

La labor de supervisión que realicé con aquellos estudiantes habría sido hoy mucho más sencilla y objetiva, gracias a Studeam. Ahora, imaginemos a los alumnos en sus casas, con mucho más tiempo disponible y con la obligación de realizar muchas tareas de manera semiautónoma. Es el cuadro al que nos ha enfrentado la pandemia durante el confinamiento, y que ha dejado fuera de combate a un gran número de estudiantes que no estaban preparados para asumir tal autonomía. En el próximo post intentaré analizar y mostrar cómo Studeam puede ser de utilidad para paliar los daños que se han sufrido en educación. Como muchos apuntan, tal vez la Covid está impulsando cambios necesarios en la mentalidad de los docentes y las familias. ¡Hay que aprovecharlo!

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