Hay jóvenes que lo tienen especialmente difícil para la planificación del estudio. Pero, antes de hablar de este asunto, me atrevería a decir que la gran mayoría de los estudiantes tienen una gestión del tiempo mejorable. Es un hecho comprobado que casi ninguno estudia al día, sino que reservan el primer estudio de la materia para cuando llegan los exámenes. La falta de estudio continuado es algo tan extendido que hasta los profesores se han rendido ante ello, procurando que los exámenes no coincidan en los mismos días. La procrastinación académica es general, no solo entre los alumnos de secundaria y bachillerato, sino también en la universidad, años más tarde, con porcentajes superiores al 80% en los países occidentales. Si hacemos caso a los estudios, más de un 30% de las personas procrastinan de forma crónica, lo que tiene un impacto muy negativo en su vida personal y profesional.

 

Este panorama, por sí solo, ya hace necesario educar en gestión del tiempo, planificación y hábito de estudio. Para eso se construyó Studeam, una app que planifica de forma automática, objetiva y pedagógica las tareas académicas. Sin embargo, no podemos obviar que existe un conjunto de estudiantes que precisan de un mayor apoyo en este sentido. Se trata de aquellos alumnos y alumnas que, por algún trastorno de aprendizaje, tienen más difícil la percepción y el manejo del tiempo para la planificación del estudio -como quienes padecen trastornos del espectro autista o presentan déficit de atención por hiperactividad (TDAH)-. Ponemos estos ejemplos sabiendo que no se puede generalizar por la gran variedad y grados que existen, pero con la intención de explicar las ventajas que creemos que puede tener para ellos una correcta gestión del tiempo. También existen alumnos que, sin presentar un TDAH diagnosticable, manifiestan grandes carencias en la planificación  del estudio, además de impulsividad e impaciencia. 

 

Studeam no se pensó directamente para alumnos con dificultades especiales, pero creemos que sus padres, orientadores, tutores y, por supuesto, ellos mismos podrían beneficiarse mucho de su uso. Estos estudiantes necesitan tener el tiempo muy pautado, con tareas concretas según un plan establecido. Hay que transformar sus quehaceres en una sucesión ordenada de pasos que sean asumibles para ellos y, también, revisables (en lo cual suele cooperar activamente quien les ayuda a estudiar). Sea para que lo usen ellos directamente, o sea para facilitar la tarea de quienes les asisten, Studeam abreviará el proceso y permitirá su revisión constante.

 

Hace meses, me paseaba a las puertas de las bibliotecas públicas preguntando a los estudiantes si les gustaría probar un planificador de las tareas de estudio. Algunos grupos me escuchaban con sorpresa e interés, pero no olvidaré el día en que uno ellos me dijo enseguida: “Estudiar con esto me habría ayudado mucho, porque tengo TDAH”. Desde entonces, comprendo mejor a los orientadores que deseaban ofrecer la herramienta a las familias de estos alumnos y confío en que, efectivamente, les facilite la labor. Son casos que demandan una planificación habitual y minuciosa, y que constituyen el ejemplo extremo de una necesidad que es universal. Toda actividad compleja y frecuente en la que los tiempos importen requiere de planificación para ser eficiente y sostenible. El estudio académico es la primera actividad de este tipo que suele haber en la vida de los jóvenes, y debería servirles para aprender a planificar, más adelante, el resto de facetas de su vida.

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