Increíble, pero cierto: ¡ María tenía razón!  ¡Me he enamorado de una app que planifica!

María me insistió tanto en que probara su último descubrimiento para mejorar el desorden que le dije: “¡Que sí, que te prometo que hoy me la descargo y la pruebo! Pero, que sepas que nuestro problema no se soluciona con tecnología, nuestro problema tiene difícil arreglo, y si lo tiene será con sangre, sudor y lágrimas“. Me quedé muy a gusto cuando se lo dije, pero es que me salió de dentro.

 

¿Qué puede una app contra la procrastinación?

La pobre María se me quedó mirando con compasión, un poco asustada por mi subida de voz, así que le dije, calmándome: “¿Tú sabes lo que es la procrastinación? La palabra ni te suena, ¿eh?. Pues somos unas verdaderas expertas en procrastinar, y esto no lo cura ninguna aplicación.  Somos un par de procrastinadoras como dos pianos de grandes”. La miré de reojo, esperando haberla impresionado con mi diagnóstico profesional, pero me respondió riéndose: “Ya lo sé, mujer, lo explican muy bien los tipos de la app que te digo y que, por cierto, se llama STUDEAM”.

Cuando llegué a casa me senté en el sillón, saqué mi móvil y busqué en el Play Store: STUDEAM. Nada, ni rastro. ¿Qué cosa rara habrá encontrado María? Entonces, probé en el buscador de Google y apareció en seguida, en primera posición:

 

Búsqueda de Studeam

No me iba a entretener más de lo necesario. Pensaba encontrar el link, descargar la app y ya está. Un par de pruebas con la maquinita y le demostraría a María que se trataba de una herramienta más para organizar el tiempo y que, por tanto, no cambiaría nuestras vidas. Me lancé al primer “prueba gratis” que encontré y me registré.

No quería perder unos minutos: el videotutorial

Lo primero de lo que me avisaba era que necesitaba unos minutos para configurarla… ¡Encima me iba a robar tiempo! Así que decidí buscar algún vídeo que me lo explicara rápido para no tener que configurarla y librarme pronto del asunto. Regresé a la web y allí encontré el videotutorial de ayuda. ¡Siete minutos! Demasiado tiempo para mí, así que lo puse al doble de velocidad.

La verdad, no vi nada interesante. Además, iba tan rápido que no me daba tiempo a leer las explicaciones: configuración, horarios, listados de tareas y vistas de calendario… ¡Otra decepcionante agenda digital más! A punto de cerrar la web, recordé el pequeño vídeo de 1:26 minutos que me mandó María, el que se titulaba “Qué es Studeam”. Le di una última oportunidad y un tipo calvo empezó a explicarlo… ¡Y entonces lo escuché claramente!: “Te va a colocar las tareas en el horario que tú hayas configurado desde hoy en adelante. En un solo click, te ofrecerá una planificación automática, segura, objetiva, pedagógica y con todos los descansos correspondientes…” ¿Será verdad lo que he entendido? Lo puse otra vez desde el principio para asegurarme y sí, no me había equivocado. Llevaba años esperando algo así, un auténtico planificador que planifica por mí. Esto había que comprobarlo ya mismo, no me fuera a hacer falsas ilusiones.

Pues sí era cierto: ¡una app que planifica!

Rápidamente me lancé sobre el videotutorial, luego configuré mi usuario lo más rápido que pude. No fue fácil, lo reconozco. Porque Studeam me pedía un horario de estudio de lunes a domingo y otro segundo horario ampliado para el caso de que hubiera sobrecarga de tareas. Esto me hizo pensar un ratillo, pero decidí meterlo incompleto y ya lo retocaría más adelante. Quería ver cómo puñetas planificaba el invento. Le metí unas cuántas materias y puse unas tres tareas. Había llegado el momento de pulsar PLANIFICAR. Contuve la respiración y… ¡Tachán! Ahí estaba, ante mí, una planificación completa y clara, tarea tras tarea, descanso tras descanso. Todo colocadito en mi horario, listo para empezar. ¡No me lo podía creer! Presa de la emoción, decidí meterle 10 tareas más con algunos exámenes, a ver qué pasaba. Entonces, ocurrió algo totalmente inesperado. Un signo rojo con una exclamación llamaba mi atención. La aplicación me estaba diciendo que no había tiempo para terminar algunas de esas tareas. ¡Guau! Esa era mi vida diaria, mi calvario habitual…

Entonces, cerré la aplicación y llamé a mi amiga: ¡Maríaaa, te quierooooo…!

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