El arte de manejar la agenda

Siempre he sentido la necesidad de organizarme mejor, desde muy pequeño, con mis estudios. Y siempre he admirado a los que eran capaces de organizarse bien con una agenda de toda la vida. (Quizá por eso me embarqué en el diseño de una agenda virtual que planifica automáticamente, pero eso lo dejo para el final). Su constancia en anotar la agenda, en consultarla periódicamente, en reflexionar lo que convenía hacer en cada momento y ubicarlo en sus hojas de papel, siempre me pareció admirable.

A mí las agendas tradicionales se me caían de las manos. He sido incapaz de perseverar en su uso y tampoco he conseguido que me aportaran más beneficio que recordar ciertas citas o eventos en mi calendario. Además, no siempre me acordaba de mirarla, con lo que tampoco lograba evitar olvidos. Sencillamente nunca cogí el hábito ni me parecieron prácticas las agendas. ¿Por qué?

El secreto de la agenda tradicional

Hace poco pude ver un vídeo de Socrática explicando el arte de planificarse el estudio usando una agenda. ¡Impresionante! Si me hubieran explicado ese arte con tanta claridad, probablemente la hubiera usado con éxito. Porque se trata aplicar un conjunto de habilidades que implican un arte, un saber hacer. ¡Y no es obvio!  

Usar bien una agenda sacándole partido es un arte verdadero. Requiere reflexión y echarle ganas, requiere paciencia y lo que los pedagogos y psicólogos llaman autorregulación. No es algo inmediato. Además, el formato de la agenda de papel, en la era digital, no invita a la adopción por el usuario. ¡Y sin embargo cuánto ayuda a los que lo practican! La agenda de papel, la tradicional, es un lugar de memoria, reflexión y planificación, no es solo un lugar donde se apunta para no olvidar, sino para “decidir” y “grabar”.

Muchas veces, entre descuidos, olvidos, falsas confianzas, me he metido en unos buenos líos porque el tiempo se me echaba encima. No me tomaba suficientemente en serio el trabajo de esta memoria «meditada» y «anotada». Pero se necesita motivación para este esfuerzo de planificación. Hay que estar convencido de que planificar dará fruto y reducirá nuestro problema de organización, de manera que podamos sostener el esfuerzo inicial hasta ver algún fruto que confirme que merece la pena. ¡Complicado!

Las agendas virtuales frente a la agenda de papel

Con la aparición de las agendas virtuales, hay que reconocer que la edición es más limpia y sencilla. No sufriremos la inquietud de perder nuestra agenda con todas las citas anotadas. Y para despistados como yo implementan las maravillosas alarmas y recordatorios. Todo esto son ventajas indudables, pero los que dominan el arte de la agenda tampoco verán una enorme ventaja a la hora de planificar. Y los que no lo dominan tampoco ven simplificado el aspecto más complicado de planificar. Este dibujo puede reflejarlo mejor que nada:

El esfuerzo de planificar a mano

La agenda virtual no invita a la reflexión como una agenda de papel amplia y clara. Hacer anotaciones en esta última permite una libertad e inmediatez que todavía las agendas digitales no ofrecen. Por eso no me sorprende que las agendas de papel no hayan sido totalmente desbancadas por las agendas virtuales.

En cambio, las agendas virtuales siguen exigiendo ese ingrediente de autorregulación y reflexión de las tradicionales para organizarnos el tiempo y gestionar las tareas de la forma más conveniente. Eso no lo rebaja el carácter virtual de ninguna manera, excepto si se transformara en un planificador automático.

La agenda virtual que organiza el estudio online

Aprovechando el potencial de la informática, las agendas podrían planificar por nosotros. Al menos podrían planificar algunas actividades cotidianas como el estudio. Eso cambiaría bastante lo que se entiende por agenda y creo que ayudaría a que muchos (los que no aprenden el arte de la agenda) empiecen a usarla y comprobar sus beneficios.

Cuando era estudiante, siempre deseaba que la agenda me hiciera parte del trabajo duro de ordenar las tareas, que me planificara todas las tareas conocidas en cada momento. De ahí nació la agenda virtual que planifica el estudio (y los deberes): STUDEAM. Un organizador online del estudio para no despistarse y empezar a ver las ventajas claras que conlleva partir de una planificación bien hecha. Aquí puedes ver cómo funcionaría en el caso de un estudiante de Bachillerato o Universidad, por ejemplo, aunque también admite opositores:

Ya no hay excusas para planificarse bien. La impaciencia, el tiempo que requiere, el esfuerzo de reflexión,… todo esto queda prácticamente eliminado de un clic por esta agenda virtual. Para no olvidarnos de las citas tenemos ya el calendario del móvil, pero para gestionar tareas hasta planificarlas, por fin tienes STUDEAM. ¡Espero sinceramente que te ayude!

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