Viene de antiguo

 Sí, me ha vuelto a ocurrir. Confieso que soy de esas que deja todo para el último momento y otra vez me ha pillado el toro. Siento que no controlo mi tiempo… ¡Y estoy harta de repetir la misma historia de siempre! Después de agobiarme por la falta de tiempo durante las últimas 72 horas, no he conseguido entregar el trabajo de biología que vale un 30% de la nota. Se terminaron los plazos y ya no hay remedio. Y mira que me he dicho veces, a lo Escarlata O’hara: “juro que jamás volveré a dejarlo para el último momento…” Pero nada, esto es como el mito de Sísifo, condenada a repetir infinidad de veces la misma estupidez.

Mi madre siempre me soltaba el mismo rollo de pequeña: “hija, empieza ya, no lo dejes correr.” “¡Organízate mejor, que a ti te dan las horas siempre!”. O mi padre pelma (pero qué sabio) que empezaba con eso de “lo mejor es enemigo de lo bueno” y terminaba citando a Jesucristo: “lo que has de hacer hazlo pronto”.

  

¿Soy una vaga?

Que nadie piense que soy una vaga… Bueno, o al menos no lo era, ahora ya dudo. Más bien al contrario, procuraba hacerlo todo muy bien, hasta dejar las cosas a mi gusto, olvidándome del tiempo si hacía falta. Hacer planes no era necesario de pequeña, porque al final solía haber tiempo para todo. O bastaba con poner presión en el último momento y todo lo sacaba con nota. Pero hace tiempo que la cosa ya no funciona y desde que estoy en la Universidad mucho peor. ¡Hay tanto tiempo y al mismo tiempo tantas cosas que hacer!

  

Las agendas no me sirven

Mis amigas me dicen que me organice la agenda, que es muy fácil. Pero las agendas me ponen nerviosa, eso de anotar tareas y luego tener que decidir cuándo hacerlas en el mismo lugar no es práctico en absoluto. Al final todo queda hecho un borrón y necesito dibujar un plan en un papel aparte, cosa que me lleva unos largos minutos. He probado con el Calendar en digital y con la agenda Jorte… Nada, todo es más limpio, sí, pero no consigo mantener la disciplina de su usarla a diario, porque es lento, poco operativo. No entiendo cómo no han encontrado una solución mejor.

 

¿Para qué planificarme?

Y, además, ya estoy harta de gastar tiempo en planificarme para no cumplir jamás una planificación. ¿Será una maldición? Es imposible que no surja un imprevisto, un cambio de planes, una “desgracia” o una “alegría” que me eche por tierra mi plan de estudio. Reconozco que me he echado un poco a perder: unos minutos de Facebook, algo de Whatsapp, me llama mi novio, me llama el perro, me llama el frigorífico, llegó el rato de la serie para desconectar, tengo que ir al baño, mis padres me encargan algo urgente, la materia se me atasca, la tarea dura el doble, me pongo a ordenar la mesa… No sé, siento que no controlo mi tiempo.

 

¿Sindrome de la planificación frustrada y procrastinación?

Luismi, mi amigo “relajado”, me dice que sufro del síndrome de la planificación frustrada y que soy una perfeccionista. A veces le odio profundamente… El tío va siempre tan tranquilo, termina con tiempo, es capaz de decir “yo ya lo terminé hace X días”, “eso ya le he estudiado”, o “me voy al cine, ¿te vienes?”, ¡¡en la tarde anterior al examen!! ¿Pero cómo lo hace?

Acabo de desahogarme con Raquel: “¡soy tonta, rematadamente tonta! No soy capaz de gestionar el tiempo, siempre ando con la lengua fuera, con el reloj pisándome los talones”. Quizá para consolarme, no lo sé, me dice: “es normal lo que te pasa, le ocurre al 80% de los universitarios, sólo que a ti te agobia porque quieres hacer las cosas bien…” Además, me ha soltado que soy un caso claro de “procrastinación”. ¡Vaya con la palabrita técnica! Quizá quería hacerme sentir bien, como cuando le pregunto cómo me queda un vestido, pero no cuela. Tratar el asunto como una enfermedad no me gusta un pelo y saber que soy una procrastinadora no me consuela: Mal de muchos consuelo de tontos.

Entre mis amigas, María se parece mucho a mí (en realidad es mucho peor, porque suspende bastante, la pobre), por eso no le pregunto porque sólo sirve para quejarnos juntas y quedarnos igual que antes. Pero acaba de mandarme un tweet con un vídeo que presenta un tipo extraño hablando sobre procrastinación y una app que planifica automáticamente. Me dice que le eche un vistazo con grandes admiraciones. ¿Qué habrá visto esta chica? Está más desesperada que yo y cree que un cacharrito puede darle un poco de luz… Bueno, le echaré un vistazo, que es una buena amiga. Y sobre todo, me propongo firmemente (una vez más) cambiar lo necesario para abandonar esta pesadilla perpetua.

LEER EL SIGUIENTE EPISODIO… 

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